La majestuosidad del Ausangate, el misticismo de la cultura andina y la fotografía se fusionaron en una experiencia única: capturar la escenificación del Qoya y el Inca en este imponente paisaje. En este artículo, compartiré cómo fue este desafío fotográfico, las técnicas que utilicé y cómo la historia de los antiguos gobernantes incas cobra vida a través del lente.
El Nevado Ausangate como escenario cultural

El Nevado Ausangate, con sus imponentes cumbres y valles de intensos colores, es un escenario que parece sacado de una pintura. Este lugar, considerado sagrado por los pueblos andinos, sirvió como telón de fondo perfecto para representar la grandeza del Inca y su esposa, la Qoya.
La luz en este entorno cambia constantemente, lo que lo hace un reto fascinante para cualquier amante de la fotografía cultural en los Andes. Desde el amanecer, con tonos dorados iluminando la nieve, hasta el atardecer, donde el cielo se tiñe de rojos y violetas, cada momento ofrece una oportunidad única para capturar retratos impactantes y escenarios majestuosos.
La escenificación: Un viaje al pasado
La representación del Inca y la Qoya es una recreación de las ceremonias reales del Imperio Inca. En esta puesta en escena, los actores visten trajes tradicionales hechos a mano, con tejidos finamente elaborados, tocados dorados y elementos simbólicos que representan el poder y la espiritualidad de la realeza incaica.
El Inca: Hijo del Sol y gobernante supremo
El Inca no era solo un rey o líder político; para los incas, era un ser sagrado, descendiente directo del dios Inti (el Sol) y elegido para gobernar el Tahuantinsuyo, el vasto territorio incaico que abarcaba desde Colombia hasta Chile y Argentina.
El poder del Inca era absoluto. Se consideraba la máxima autoridad política, militar y religiosa, y sus decisiones eran inapelables. Bajo su mandato, la sociedad inca funcionaba con una organización impecable, basada en el ayllu (comunidad), el respeto a la reciprocidad y la redistribución de recursos. Gracias a este sistema, el imperio logró florecer sin la necesidad de moneda o mercados formales, ya que todo estaba regulado por el estado.
Uno de los elementos más representativos del Inca era su vestimenta. Llevaba un unku (túnica de lana fina), un llautu (tocado real) y la mascaipacha (una borla roja) que simbolizaba su poder. Sus prendas estaban tejidas con vicuña y decoradas con oro y plata, reflejando su divinidad y posición suprema.
A lo largo de la historia incaica, varios gobernantes destacaron por sus logros. Pachacútec, por ejemplo, fue quien convirtió a los incas en un imperio y diseñó la ciudad sagrada de Machu Picchu. Otros incas, como Túpac Yupanqui y Huayna Cápac, expandieron el territorio y consolidaron el poder del Tahuantinsuyo.

La Qoya: Madre del imperio y símbolo de fertilidad
Si bien el Inca era la figura central del imperio, la Qoya, su esposa y reina, también tenía un papel fundamental en la sociedad incaica. No era solo una consorte, sino una líder con funciones religiosas y políticas, encargada de la administración de templos, tierras y ceremonias vinculadas a la fertilidad.
La Qoya era considerada la madre del imperio, ya que su rol estaba estrechamente ligado al bienestar del pueblo. Se la asociaba con la diosa Pachamama (Madre Tierra) y la fertilidad, asegurando la abundancia de las cosechas y el bienestar del pueblo. Su influencia se extendía hasta el Acllahuasi, donde supervisaba la educación de las acllas, mujeres seleccionadas para servir en templos y comunidades.
Como el Inca, la Qoya vestía prendas majestuosas. Usaba un anaco (túnica larga), llauto dorado y mantas finamente tejidas, adornadas con diseños simbólicos y joyas de oro y plata. En ceremonias importantes, podía ser vista junto al Inca, rindiendo homenaje a los dioses en templos como el Coricancha en Cusco.
Algunas de las Qoyas más recordadas en la historia inca incluyen a Mama Anahuarque, esposa de Pachacútec, quien tuvo gran influencia en la organización del imperio, y Cusi Rimay, esposa de Huayna Cápac, quien jugó un papel crucial en la diplomacia y alianzas del Tahuantinsuyo.

Capturar estos detalles es clave para transmitir la esencia de la historia. Mi enfoque fue resaltar:
- La expresión y postura de los personajes, que reflejan autoridad y solemnidad.
- Los detalles de los trajes, resaltando texturas y colores vibrantes.
- El entorno natural, integrando los personajes con el majestuoso paisaje andino.

Técnica fotográfica: ¿Cómo logré la mejor toma?
Para capturar la escenificación con la mayor fidelidad y dramatismo, apliqué varias técnicas fotográficas:
1. Uso de luz natural
El Ausangate es un desafío en términos de luz. Para aprovechar al máximo cada toma, trabajé con:
- Hora dorada: Perfecta para retratos cálidos y suaves.
- Contraluces con el sol al amanecer: Para crear siluetas impactantes del Inca y la Qoya sobre las montañas.
- Reflectores naturales: Usando la nieve como difusor de luz para evitar sombras duras en los rostros.
2. Composición y encuadre
Para lograr imágenes dinámicas y narrativas, utilicé:
- Regla de los tercios: Ubicando a los personajes en puntos estratégicos del encuadre.
- Perspectiva baja: Para resaltar la imponencia del Inca y su conexión con la montaña.
- Fotografía en movimiento: Capturando la fluidez de las túnicas y la interacción con el viento andino.
3. Configuración de cámara
Debido a las condiciones cambiantes de luz y el contraste entre los trajes y el paisaje, utilicé:
- Velocidad de obturación alta (1/1000s): Para congelar el movimiento de las túnicas y evitar desenfoques.
- Apertura media (f/5.6 – f/8): Para lograr nitidez tanto en los personajes como en el fondo.
- ISO bajo (100-200): Para evitar ruido en las imágenes y mantener la calidad de los colores.

El reto de capturar la esencia cultural
Más allá de la técnica, mi objetivo era transmitir la esencia de la cultura andina en cada imagen. Para ello, interactué con los actores, entendí el significado de cada gesto y vestimenta, y esperé los momentos en los que la conexión con el entorno se hacía evidente.
El resultado fue una serie de imágenes que no solo documentan una escenificación, sino que evocan la grandeza del pasado incaico en un paisaje que sigue siendo sagrado para muchas comunidades.

Reflexión final: La fotografía como puente con la historia
Fotografiar al Qoya y al Inca en Ausangate fue más que un desafío técnico; fue una experiencia de conexión con la historia y la cultura andina. A través de la fotografía cultural en los Andes, podemos traer al presente la grandeza de un imperio que dejó su huella en la Cordillera de los Andes.

Si eres fotógrafo o amante de la historia y la cultura andina, te animo a explorar estos escenarios y capturar la magia que aún resuena en estas montañas. ¡Nos vemos en el próximo viaje fotográfico!